Si mi vecino está bien, yo estoy bien

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En la entrevista realizada a Juan Manuel Benites, Miembro de la Comisión Organizadora de AGROMIN 2024, y Ex Ministro de Desarrollo Agrario y Riego; Benites resalta la importancia de encontrar las potencialidades de cada zona, la construcción de la infraestructura básica en cada cuenca y, uniendo voluntades, hacer el match con grandes fuentes de financiamiento para un desarrollo territorial sostenible.

¿Cómo ve esta búsqueda de puntos de encuentro entre agricultura y minería?
Desde hace muchos años ambos sectores han trabajado por cuerdas separadas. Hemos definido al Perú como un país minero y, por el otro, como un país agrícola. Pero en realidad ambos sectores son importantes, tienen espacios de confluencia territorial y realidades que se entremezclan. Además, con distintas prácticas, comparten recursos como el agua. La minería suele trabajar en la parte alta y la agricultura en la más baja. En las zonas mineras la agricultura es más precaria, menos productiva y más dispersa. Suelen ser zonas más cercanas de las fuentes de agua.

¿Cómo una puede retroalimentar ala otra?
Primero, no se debe entender que una es el bastón de la otra. Una foto podría arrojar la percepción de quela minería es el hermano rico y la agricultura el hermano pobre, pero en el futuro no debería ser así. La agricultura también podría empoderarse y crecer si creamos las condiciones necesarias y tomamos las decisiones correctas para que la agricultura despegue en esos territorios.

¿Cómo empezar a crear esas condiciones y cuáles serían?
Sí ponemos como eje el agua, allí iniciamos un debate interesante. En lugar de ser un punto de conflicto, podría ser un punto de encuentro. El cambio climático en el Perú está generando ciclos de agua cada vez más complicados. En un momento tenemos mucha agua, todo se inunda; y luego no la tenemos por mucho tiempo, produciéndose sequías. Y estos cambios nos complican más si no tenemos un sistema de riego, sino que regamos exclusivamente con agua de lluvia. Casi no usamos riego por aspersión o por goteo que es más eficiente.

¿Qué es lo que necesitamos?
Bueno, sistemas de almacenamiento, siembra y cosecha de agua, proteger las fuentes de agua en las alturas, entre otros; porque todo eso tiene un impacto evidente en las vidas de las personas, que son importantes para la agricultura y también para la minería. Si ese vecino desarrolla su vida con tranquilidad y progresa en su actividad, las empresas estarán bien. No es un tema de caridad ni de valor compartido, es un tema de inteligencia empresarial. ¿Cómo me acompaño en el territorio para desarrollarlo y generar sinergias positivas para los negocios? En este caso, de los mineros. Sin infraestructura básica como carreteras, energía, almacenamiento, agua, etc., esa pequeña agricultura no puede prosperar.

¿Qué se puede hacer además de infraestructura?
Tiempo atrás, las mineras se preocupan por aumentar la productividad de la quinua o de la papa, entre otros, o de hacer proyectos para mejorar la parte textil pero, como no se preocuparon del mercado. Ahora la mina compra todo y termina resolviendo el problema de los vecinos. Pero esa tampoco es la idea. Si ahora buscamos asociarnos con terceros del sector agrario; por ejemplo, los agroexportadores, ¿por qué no los invitamos a ese territorio, los conectamos con pequeños agricultores que tienen fabulosos recursos de tierra, agua, conocimientos ancestrales para manejar pisos ecológicos o el cambio del clima? Allí pueden hacer un match interesante, promoviendo cadenas de valor con alcance internacional.

¿Existen actualmente ese tipo de experiencias?
Hoy nuestras agroexportadoras no exportan un único producto. Ya son casi un bróker. No todos sus productos los cultivan, también compran. Si está desarrollada esa conexión con el mercado, lo que hay que hacer es conectar a los productores con los que podrían llevar esos productos. Eso sí, con la minería trabajando junto al Estado en esquemas que sean más equitativos, sin desbalances en la negociación, con más certidumbre, haciendo que se respeten los contratos y con visión de largo plazo, etc.

¿Ayudaría eso a mejorar la calidad de vida de los pequeños productores?
Así como las empresas, los agricultores también necesitan certidumbre. Quieren enviar a sus hijos al colegio, a estudiar en la universidad, tener seguros de salud… todas aspiraciones legítimas que son realizables, pero siempre y cuando participen los actores correctos.

Además del agua, ¿hay otro elemento que puede alimentar esa sinergia en las zonas altas?
Sí. Por ejemplo, la asistencia técnica. Es siempre reclamada por los productores más pequeños. Antes lo hacia el Estado a través de INIPA, pero llegó un momento en que siguieron manteniendo las mismas técnicas, enseñanzas, costumbres mientras la agricultura, la tecnología, los sistemas de riego evolucionaban. Hoy se hace agricultura y se le monitorea por satélite. Eso empezó a perder impacto y se cambió hacia un mercado de servicios privados. Hubo un crack de un extremo superestatista a otro de supermercado y quedó al medio un grupo que fue abandonado. Hay intentos de Midagri, Foncodes y Midis, pero, allí al medio, hay una brecha por atender.

¿Puede allí aportar el sector minero?
Justamente en esos espacios puede servir de apoyo para aportar conocimiento. Un agroindustrial aliado, inversionista de la costa, puede venir a las zonas altas con su paquete tecnológico y asistencia técnica pero no conoce a los agricultores, ni la zona, no sabe si cumplen contratos o si tienen carreteras para los perecibles. Allí puede ayudar la minería haciendo obras por impuestos: carreteras, reservorios, plantas de procesamiento, centros de acopio, etc. Pero debemos tener claro en qué territorio vamos a trabajar y su real potencial, el paisaje completo. Si tengo cierta potencialidad, traigo a los actores privados para ver qué necesitan y recién allí programo mi cartera de inversiones para aprovechar ese potencial. A partir lo que necesita el privado. Allí recién se generaría riqueza debido al buen match entre la potencialidad, la nueva infraestructura y el mercado. Eso permitiría cerrar otras brechas sociales.

Digamos que ese sería una manera inteligente de empezar…
Debemos cambiar la mirada hacia las potencialidades en el territorio. El cierre de brechas debe ser una consecuencia no un objetivo. Todos los actores de una cuenca, los agricultores y, especialmente, la minería, pueden caminar juntos. Ya no hablaríamos de un proyecto agrominero puro, sino de uno de desarrollo territorial sostenible. Puede que no sea un proyecto de agricultura, podría desencadenar también en uno industrial o turístico, pero sobre las bases de la agricultura, la minería y un enfoque de territorio.

¿Es entonces una estrategia enmarcada dentro del concepto de desarrollo territorial?
Así es. Pero necesitas un buen proyecto. Por ejemplo, una minera ‘X’ y una empresa de exportación ‘Y’ – importante en el mercado, en clientela y con inversionistas de alta calidad- deciden integrar a las comunidades de una cuenca en cadenas de valor y se comprometen a desarrollar un plan, de cinco a diez años, para llevar a esa cuenca a ser altamente productiva y competitiva. Si le propones esto a un fondo de inversión como Goldman Sachs, ellos te van a decir que con la presencia de ‘X’ e ‘Y’ su riesgo se ha reducido automáticamente. Y si el Estado participa con carreteras u otras obras de infraestructura necesarias, esa mirada de territorio puede explotar. Necesitamos paquetes de inversión no por chacras, sino por cuencas, para evitar que el vecino se quede atrás, se moleste y bloquee la carretera.

Es decir, vamos de las potencialidades a la capacitación, a la infraestructura y, luego, al financiamiento…
También identificando a los actores relevantes. El financiamiento es el último cabo, no va por delante. No se trata de conseguir plata y, luego, preguntarte ahora adónde la pongo. Hay que conceptualizar proyectos ambiciosos, de alto impacto, y proponerles a fondos de inversión hacerlo por etapas, con actores identificados, comprometidos y con la garantía del acompañamiento de una empresa minera de peso, de una agroexportadora con experiencia y con comunidades campesinas que conocen el territorio y necesitan tener un mercado más cerca. Así la minera ya no solo facilitaría capacitación técnica para mejorar la productividad, sino que acercaría un mercado.

¿No le parece que algunos dirán que eso solo funcionará para las agroexportadoras?
Si más gente de allí exporta, el mercado nacional ofrece más espacio. Ese productor de paltas o arándanos, nuevo exportador, liberaría su participación en el mercado nacional y le dejaría su espacio a otro pequeño productor. Pero, además, en este tipo de cosas hay trasvases de conocimiento. Se modifican las técnicas de cultivo de los vecinos y el agroexportador empieza a acopiar. Estas grandes empresas traen al territorio prácticas de sostenibilidad, buenas prácticas agrícolas para mitigar impactos, no solo para la reducción de emisiones sino también de adaptación al cambio climático. Los demás comprobarán cerca de sus predios que es mejor el riego por aspersión, ya no lo verán como un gasto sino como una inversión porque al vecino le funciona. Allí puede ayudar la minería sin reemplazar al Estado, con sus buenos profesionales y técnicos, con sus cuadros de gestión social, con su conocimiento de los liderazgos y con recursos que, bien usados, pueden palanquear fondos de afuera.

¿Y cuál sería el rol del Estado?
En las actuales condiciones, el Estado no guía, está al costado o un poco rezagado. El Estado debe cambiar el chip de trabajar por sector. Para mí es clave que en las cuencas se trabaje con Unidades Ejecutoras Territoriales. Toda esta visión de potencialidades e inversión no debe ir a los ministerios, sino a un miniministerio de obra pública que trabaje en el territorio, con una Oficina de Gestión de Proyectos y un directorio público-privado. Hay que probarlo en un piloto en una cuenca y luego podría replicarse. Sería la forma inversa de hacer una real descentralización. A partir de la visión de territorio, con sinergias económicas, sociales, geográficas, con inversión enfocada en las potencialidades, con la unión de actores relevantes.

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